La mentoría entre pares impulsa el desarrollo académico
La mentoría entre pares se ha consolidado como una estrategia educativa capaz de transformar la experiencia de aprendizaje. Cuando estudiantes con distintos niveles de experiencia colaboran de manera estructurada, el conocimiento circula, se fortalecen los vínculos y aparecen nuevas formas de afrontar las dificultades académicas.
Este enfoque sitúa al alumnado en un papel activo. Quien acompaña desarrolla habilidades de comunicación, liderazgo y reflexión, mientras quien recibe orientación encuentra apoyo cercano para organizar su estudio, comprender contenidos complejos y ganar confianza. La relación deja de ser vertical y se convierte en un proceso de crecimiento compartido.
En el marco del Congreso Internacional de Educación e Innovación CIEI XVII, celebrado en Santiago de Chile del 11 al 13 de abril de 2024, estas prácticas se vinculan con la búsqueda de modelos formativos más participativos. El encuentro, organizado por el Grupo de Investigación AREA de la Universidad de Granada junto con la Universidad Andrés Bello, ofreció un espacio para analizar cómo la innovación educativa puede responder a las necesidades reales de las comunidades académicas.
Una relación de aprendizaje compartido
La mentoría entre estudiantes no consiste únicamente en explicar una materia. Implica establecer objetivos, escuchar activamente, detectar obstáculos y construir soluciones adaptadas a cada persona. La figura mentora puede ayudar a interpretar una consigna, planificar un calendario de estudio o revisar estrategias para preparar una evaluación.
El valor de esta práctica reside en la reciprocidad. El estudiante mentor consolida sus conocimientos al verbalizar procedimientos y argumentar decisiones, mientras que el estudiante acompañado recibe referencias cercanas y comprensibles. Esta interacción también favorece la autonomía, porque progresivamente el apoyo se orienta a que cada participante tome decisiones sobre su propio aprendizaje.
Beneficios para la comunidad universitaria
Un programa bien diseñado puede mejorar la integración de quienes llegan por primera vez a la universidad. Contar con un compañero de referencia reduce la sensación de aislamiento, facilita el acceso a recursos institucionales y ayuda a comprender normas, rutinas y expectativas académicas que a menudo permanecen implícitas.
La colaboración entre pares también fortalece competencias transversales. La escucha, la gestión del tiempo, la resolución de conflictos y la expresión oral se ejercitan en situaciones auténticas. Además, el acompañamiento puede contribuir a prevenir el abandono temprano al identificar señales de desmotivación y derivar a los servicios especializados cuando sea necesario.
Cómo diseñar un programa eficaz
La planificación debe comenzar con un diagnóstico. Conviene conocer las asignaturas con mayores dificultades, los perfiles del alumnado y los momentos del curso en los que se concentra la demanda de apoyo. A partir de esa información, se pueden definir objetivos medibles, frecuencia de las reuniones, canales de comunicación y criterios para seleccionar a los mentores.
La formación inicial resulta esencial. Los estudiantes que acompañan necesitan aprender técnicas de retroalimentación, límites de su función, confidencialidad y protocolos de derivación. También es recomendable ofrecer materiales de trabajo, reuniones de seguimiento y la supervisión de un docente que garantice la calidad pedagógica sin restar protagonismo a la relación entre compañeros.
Herramientas para ampliar el acompañamiento
Las plataformas digitales permiten mantener el contacto entre sesiones presenciales, compartir documentos y registrar avances. Un espacio virtual puede incluir calendarios, foros, videotutoriales y actividades breves para reforzar contenidos. Incluso recursos interactivos como materiales de práctica pueden inspirar dinámicas de participación y familiarizar al alumnado con entornos digitales variados, siempre que su uso responda a un propósito educativo claro.
La tecnología debe complementar, no sustituir, el vínculo humano. Para evitar que la mentoría se convierta en una sucesión de mensajes aislados, conviene acordar tiempos de respuesta, normas de convivencia digital y momentos de conversación profunda. La accesibilidad también debe considerarse mediante subtítulos, formatos compatibles con lectores de pantalla y alternativas para quienes tengan conectividad limitada.
Evaluar el impacto y compartir aprendizajes
La evaluación puede combinar indicadores cuantitativos y cualitativos. La asistencia, la permanencia en el programa, el rendimiento en determinadas asignaturas y la participación ofrecen datos comparables. Las entrevistas, diarios reflexivos y encuestas permiten comprender cómo viven los estudiantes el acompañamiento y qué ajustes necesitan las actividades.
Difundir los resultados contribuye a que otras instituciones adapten la experiencia a sus propios contextos. El sitio del CIEI 2024 reúne información sobre el programa, las ponencias, las comunicaciones científicas y los espacios de intercambio que dieron visibilidad a propuestas de innovación educativa. Compartir evidencias en congresos y redes académicas ayuda a convertir iniciativas locales en conocimiento transferible.
La mentoría entre pares alcanza su mayor potencial cuando forma parte de una cultura institucional basada en la cooperación. Integrarla en planes de tutoría, reconocer la labor de los estudiantes mentores y escuchar de forma periódica a quienes participan permite sostenerla en el tiempo. Las universidades y centros educativos pueden comenzar con una experiencia piloto, evaluar sus resultados y ampliar progresivamente las prácticas que generen mayor impacto.
Incorporar este modelo significa apostar por una comunidad donde aprender también implica acompañar. Diseñar programas de apoyo entre estudiantes, documentar sus resultados y compartirlos con otras instituciones puede abrir nuevas vías para el desarrollo académico y la innovación educativa.